Por fin. Se terminó el rodaje de la Honda CBF 250. Lo siguiente, de cabeza a la primera revisión.
Desde luego, sí que se nota. He seguido la recomendación de no pasarla de las 5.000 rpm en los primeros 500 km, y luego ir incrementando de 500 en 500 el límite de las revoluciones cada 100 km recorridos. Con algún pico ocasional -más involuntario que deseado- de 8.000. Ni internet ni San Google ha ayudado mucho en esto, ya que hay opiniones para todos los gustos y colores acerca de cómo hacerle el rodaje a la moto. En fin, puesto que prisa ninguna había, y las 5k rpm colocan a la Honda en los 80 km/h, éste ha sido el camino escogido para rodarla.
Hubo un cambio perceptible en el comportamiento del motor a los 250 km. La banda de las 3k-4k revoluciones dejó de rugir agresivamente para pasar a ronronear con suavidad. Dejó el hábito de dar ligeras sacudidas al incrementar la velocidad tras darle gas. Pero desde luego, no tuvo nada que ver con el cambio que dio tras pasar la barrera de los 500 km. Comenzó a moverse suavemente, a acelerar en las salidas de los semáforos con nitidez y precisión, y a responder con agilidad a las acciones sobre los frenos.
La zona entre la primera y segunda marcha ha incrementado su margen para activar el punto muerto, haciendo el proceso muchísimo más sencillo en las paradas momentáneas derivadas del tráfico urbano. Y los neumáticos claramente han perdido la capa protectora con la que salieron de fábrica, permitiendo un agarre mucho más firme. Es de agraceder en alguna que otra curva a la salida de autovías, en las que coincide un peralte invertido, con sombra perpetua, humedad y encima falta de visibilidad.
Más se nota aún la respuesta adecuada del conjunto puño-carburador en los adelantamientos en carretera. Si consideramos que los 90 km/h es la velocidad límite para circular con comodidad en esta máquina, la moto ahora reacciona con presteza a la petición de aceleración. El óptimo de potencia lo da entre las 6.000 y las 8.000 revoluciones, lo que nos coloca rápidamente en los 110-120km/h. Por encima de ese rango, se queda sin fuelle, y ahí acaba la posibilidad de correr más. Aunque no creo que vaya a necesitar adelantar a más de 120 en ciudad, ¿no?
Definitivamente, la moto ha pasado de ser un crío impulsivo y protestón, a un adulto en ciernes que sabe comportarse cuando se le pide. A ver dónde me lleva ahora.