He cometido mi primer atropello. Involuntario. E inesperado. Un lagarto.
Domingo 4. Mediodía, en la carretera local que atraviesa el parque Nacional de Monfragüe, entre Villareal de San Carlos y la Ex-A1. El inconsciente reptil estaba recargando pilas obviamente en la superficie más caliente que había encontrado, el centro del asfalto. Inmóvil, quieto, y de color grisáceo, perfectamente disimulado.
Avanzábamos apenas a unos 30 km/h, disfrutando mi chica y yo del entorno, el color, el frescor y el olor del parque. Éramos los únicos en la calzada. Un súbito bache, y un fuerte crujido, a medio camino entre crack y chof. Pobre bicho.