Varios puntos del casco antiguo
Los dos días pasado en Córdoba han resultado agradables y divertidos. El carácter de los cordobeses con los que nos hemos encontrado es abierto, generoso y amable. En las diversas ocasiones en las que lo hemos comprobado, si requieres ayuda o indicaciones, lo dejan todo para darte todos los detalles necesarios. No dudan en además complementarlo con indicaciones históricas y turísticas sobre la ciudad. Además de recomendarte apasionadamente sobre el mundo gastronómico de la ciudad.
Es así como hemos conocido El Churrasco, restaurante afamado por sus carnes. Fama merecida, desde luego. No puedo argumentar nada negativo de este sitio. Trato familiar sin invadir el espacio personal, y sin abandonar las normas de la corrección hostelera. Maître encantado de y experto en aconsejarte lo que pedir y en qué cantidad, y no en vender a la desesperada. Salmorejo en su punto correcto, de restaurante de primer orden, pero sin perder el toque casero que lo hace un plato llano y cercano. Carne como era de esperar, en el punto adecuado para ser cortada con el tenedor. Y poseedores de la receta del mejor gazpacho blanco con piñones que he probado en mi vida. Impresionante.
Hasta pudimos disfrutar de la simpatía y anécdotas de Miguel Ortega, alias “el tercero”. Camarero resuelto capaz de convertir el servir platos en una fuente de sonrisas. Muchos años de buen hacer hay detrás. Todo un gusto.
El escasísimo tiempo no dedicado a trabajar y, sobre todo, a comer ha sido empleado en visitar la Mezquita, Medina Azahara y en pasear a la madrugada por el casco antiguo.
Panóramica del Patio de los Naranjos, en la Mezquita
La Mezquita es visita ineludible, aunque necesita de un esfuerzo para obviar a la ingente cantidad de turistas que cámara en mano flashean todo lo flasheable en el interior. Estar dentro, solo y en silencio seguro que debe de ser memorable.
Medina Azahara es una visita recomendable a quien su imaginación le permita saltar al pasado, y sentirse caminar por lo que debía ser una de las capitales Omeyas más impresionantes. Sin este requisito, bien puede verse la ciudad cómo lo que parece, un montón de ruinas en las que tostarse a gusto.

Medina Azahara
Por último, a partir de las 2 o 3 de la mañana, la cantidad de gente por las calles desciende significativamente. Y no hace demasiado calor. Es un buen momento para caminar por sus estrechas calles rebosantes de historia a sus espaldas. Casi a solas se puede disfrutar de su trazado, arquitectura y recovecos. Hay multitud de huecos al final de callejones en las que nos sorprende del agua, manando de fuentes sencillas y simples.
Me queda pendiente volver en mayo, algo en lo que me han insistido mucho, a tiempo de ver el concurso de patios cordobeses, que promete mostrar la ciudad en todo su esplendor de colores y olores.

